Cuando Vi a Volar a una Mariposa Sin Alas

4 años, 10 días hace, reading time: 4 mins.

Una persona no debería nunca ser considerado ni tratado por lo que accidentalmente es o ha sido, sino siempre por lo que conscientemente querría, podría …y, por tanto, debería ser.

Esta es la breve historia de un regalo, de un encuentro inesperado entre 1302 corazones: el mío, el suyo. Y cuando el regalo es sincero, puro, desinteresado, orientado al bien y a lo útil, en el encuentro no se puede distinguir quién dona y quién recibe, y se produce una alquimia en la que la reciprocidad lo es todo.

“¡Haz el bien, no importa qué dirán de ti o por qué lo haces, tú haz el bien!”

Esta voluntad me había inspirado para regresar a SanPa. Tan pronto como llegué a la comunidad y encontré a los 1300 chicos, fue como si no nos hubiésemos nunca despedido aunque hubieran pasado muchos meses desde entonces. Empezamos por donde nos habíamos quedado la última vez, con una frase de un hombre, Patrizio Paoletti, al cual debo mucho: “Haz que tu vida sea un regalo, y que este regalo sea algo significativo para el conjunto”.

San Patrignano es una historia auténtica, y una verdadera historia puede ser solo una historia veraz. También Simona Atzori es una historia auténtica, una historia que quería contarles a los chicos de SanPa quizás para contármela a mí mismo, por enésima vez. La historia de Simona es para mí la historia del regalo de la posibilidad, porque Simona es ‘la posibilidad’ en persona encarnada en una mariposa que vuela sin alas. Simo es un excelente ser humano que es mujer, bailarina, movimiento, silencio. Simona nos ha demostrado que la ‘posibilidad’ es un regalo para cualquier persona que pueda dudar aun de poder ser dueña de su destino, capitán de su alma.

Parafraseando la espléndida Mariposa sin alas y añadiendo por mi parte… Yo no existía antes. Yo ya no estaré dentro de un instante o mañana. Yo existo ahora, en este momento. Y no es un cuento de hadas. Mi cuento es tu cuento. Y nuestros cuentos son un espectáculo de vida. Adoro todas las formas de expresión del arte porque permiten comunicar directamente, a través del hilo de la conciencia, y permiten acceder al lenguaje de la piel de gallina, de las mariposas en el estómago, de las lágrimas y de la sonrisa. Ese lenguaje es como un abrazo, universal. No importa si tienes brazos o no, si eres muy alto o si eres un retaco, si eres blanco, negro, amarillo o verde. Lo que importa es que tú seas.

Es trivial, pero un límite en realidad no es otra cosa que algo que debe superarse. Y la vida no hace más que retarte para que lo superes. El límite es, por lo tanto, un reto a tu aspiración de ver qué hay después. A veces un límite se queda en eso: un límite. Pero reconocer primero y luego respetar un límite no es una derrota, sino una profunda conciencia, una toma de conciencia de dónde estás y de qué eres capaz. Un límite es tu mejor aliado porque te ayuda a comprender quién eres y cuánto vales. Y no se vale mucho o poco, se vale y punto y basta, cada uno por lo que puede.

Algunas cosas se pueden hacer, otras no se pueden hacer, pero la mayoría de las cosas que no se pueden hacer en realidad son viables en otros modos, y esta es la posibilidad que no nos concedemos nunca: la otra posibilidad. Simona es la otra posibilidad, esa posibilidad que solamente nosotros mismos podemos concedernos. Simona ha tomado su vida entre ‘sus’ manos, esas manos que algunas personas llaman aun pies, esos pies que nadie se atreve a llamar manos.

Este es el vídeo de nuestro encuentro con la posibilidad. Tómate un poco de tiempo, aplaza tus compromisos, respira profundamente, míratelo y, luego, pregúntate: ¿Me falta algo para ser feliz?